miércoles, 30 de diciembre de 2009

La historia de Chile influenciada: un enfoque filosófico



"Importa insistir en que, dentro de la historia moderna, a esa altura con una larga data de siglos recorridos en el mundo occidental hay permanentes procesos de modernización, siempre presentes,cuyos desarrollos se pueden visualizar a través de sus contenidos. En el caso chileno, hubo también modernización en la segunda mitad del siglo XVIII, a propósito de la política de fundación de ciudades, del aumento del comercio interno y de la población, de nuevas posiblilidades culturales con la creación de la Universidad de San Felipe, con el crecimiento de los centros mineros en el norte, etc. Nuevos caminos, nuevas exportaciones, nuevas formas de relaciones crediticias, nuevos pensamientos, nuevos proyectos. Hubo modernización también en la primera mitad del siglo XIX, especialmente a nivel de las instituciones, del surgimiento del Estado Nacional, de tener que asumir los aires renovados de las INFLUENCIAS europeas y norteamericanas y de tener que recibir los mensajes económicos, políticos y culturales en ámbitos mucho más amplios que el de los tradicionales conductos del régimen colonial español. ¿Y qué decir de la segunda mitad del siglo XIX? Más que el sólo triunfo del liberalismo, desde un restringido concepto ideológico, el país, sus principales ciudades y también sus posibilidades productivas, no sólo se abrieron hacia el exterior sino que se reinsertaron en él abriendo nuevos cauces para recibir los nuevos contenidos de la modernización de la época. Modernización material, la de segunda revolución industrial, pero también modernización cultural, la de los códigos y asociaciones, la del liceo y la nueva universidad, la explansión de la escuela y de la educación pública. Una modernización con un fuerte contenido valórico, un tanto minimizada en las fuertes discusiones políticas, pero muy profunda respecto a los verdaderos alcances entre consevadurismos y liberalismos. Así como Inglaterra expande su economía, Francia explande sus ideas. (Cultura de Masas, reforma y nacionalismo en Chile 1910-1931 de stefan Rinke)


No es nuevo el influjo que producen las "influencias" en la historia de Chile -o de cualquiera otra nación- y, más precisamente, en la historia de la filosofía, elemento "a priori" y fundamental en su esencia; modelo, forma de ser y de existir, cuando aquéllas (las influencias) han sido asumidas como propias.
Por cierto, en esencia, el conocimiento se dice de las cosas que observamos, que al rozar con ellas las reflexionamos y elaboramos definiciones intentando interpretarlas; o, dicho de otra forma, tras observar objetos reales deviene un conomiento real, hay que resaltar, sin embargo, que el objeto de estudio de la filosofia y en pro del establecimiento del conocimiento realmente verdadero es condición necesaria que su objeto sea de una naturaleza real y teórica, es decir, un objeto realmente verdadero. Y podría darse el caso de entender como no real ciertos datos de observación, como son -precisamente- las influencias, aquél antecedente previo al conocimiento histórico particular que, siendo verdadero (pues es real en otro otro espacio y tiempo, y es pensamiento pensado en otros lugares e historias del mundo), no son reales por el mismo motivo. Es decir, filosóficamente hablando: se pueden dar situaciones, ideas, propuestas, etc., que, siendo verdaderas, no necesariamente han de ser reales; como aquello que siendo real no necesariamente es verdadero en otro determinado lugar.

Si pretendemos que la realidad sea interpretada correctamente hemos de considerarla bajo un sentido de verdad menos universal de lo que se ha considerado en la historia misma de la filosofía. La verdad debe ser menos teórica y más real: la filosofía debe interpretar las cosas en el ámbito propio en que el conocimieno se lleve a cabo; si pretende definir objetos reales, debe diluirse en el ámbito propio de la realidad; y, si pretende definir objetos teóricos debe llevarse a cabo en el ámbito propio de las ciencias particulares. Por lo mismo, la historia es una ciencia particular, y debe llevarse a cabo en el ámbito propio de la realidad, observando aquellos elementos reales que, luego, serán explicados y observados en el ámbito propio de la filosofía de la historia, como ciencia particular.

En el párrafo que citamos, las influencias en el desarrollo histórico nacional fueron decisivas. Y la razón es simple: las influencias producen cambios (modernismos, anarquías, progresos, etc) más rápidamente que aquellos suscitados por el normal ejercicio y desarrollo de el pensamiento filosófico.
En nuestro Chile, necesitado siempre -como en toda nación- de pensadores, el efecto que produjeron y producen las influencias externas, desconocedoras del ámbito propio en el que se desarrollan nuestras ideas, surtieron efecto inmediato, casi al mismo tiempo que en el Europa, centro de las ideas filosóficas. Aunque, claro está: el desarrollo normal de la historia produce cambios sociales, culturales, intelectuales, etc., en un período de tiempo preciso, cuando la existencia en el ámbito propio de la realidad y la filosofía de la historia lo suscita. Entonces, independientemente de las influencias externas, y del pensamiento filosófico desarraigado de reflexiones desarrolladas en el ámbito propio de la realidad nacional, el ciclo histórico, sin dudar, de todas formas ha de realizarse. De ahí la cuestión de que nuestros historiadores e intelectuales se dediquen, sin demoras, a la observación del entorno nacional chileno.


m.r.o.g
archivosdefilosofiaenchile

sábado, 26 de diciembre de 2009

Andrés Bello y José Victorino Lastarria: Fértil polémica en torno al "método historiográfico" adecuado para forjar la historia nacional chilena



"Por último debemos decir que aunque estos historiadores discreparan en la forma de entender el método, todos coincidieron en la noción según la cual,la humanidad progresaba lineal y ascendentemente, idea clave y típica del siglo XIX. La divergencia estuvo en creer o no si era posible advertir las "leyes" que caracterizarían a ese progreso. Aquel debate surgió en Francia y Alemania durante la década del veinte del siglo XIX, y se prolongó con matices en las siguientes. La posterior llegada del positivismo signficó insistir nuevamente en la determinación de las leyes que regirían la evolución de la humanidad. El debate sostenido por Bello y Lastarria, a partir de 1844, es un claro eco de las disoluciones europeas, en el cual se utilizaron -como veremos- argumentos muy similares a los allá expuestos. También en Chile la prolongación de la polémica implicó la adopción -al menos en parte- de las doctrinas del positivismo historiográfico".(HIstoria narrativa versus historia filosófica en el Chile historiográfico del siglo XIX, por Joseph Dager Alva)


Nos hemos permitido compartir esta deliciosa discusión, latente e inherente al estudio de la historia, polémica propuesta -sorprendentemente- al interior y en los mismos círculos de quienes se dedican a esta disciplina. Y, más allá de la participación de filósofos como Kant y Herder -como muchos otros- que no se dedicaron con exclusividad a la historiografía (escribir historia), los apasionamientos y discusiones se originaron en torno a qué establecer y decir luego, a posteriori al acto de conocer los hechos históricos. La polémica misma, la que versa sobre qué es la historia -si los hechos o su interpretación-, si bien es filosófica y en nada entorpece el desarrollo mismo de la existencia y los acontecimientos, retoma importancia -y suma- cuando los acontecimientos históricos se muestran y se explican, recurrentemente, en relación próxima a otro que lo antecede. Es decir, la polémica suscitada entre distintos historiadores muestra lo polémico que resulta la explicación misma de la historia, más polémico que el objeto real de la historia que son los acontecimientos.

Entre Bello y Lastarria más que una polémica personal, equívoca, hubo una discusión que fué, es y estará siempre presente en la interpretación de los hechos históricos. Fue tanto así que la polémica y discusión misma -siendo desarrolladas, al fin y al cabo, por hombres históricos- es un acontecimiento histórico más que contar y que discurrir.

Ya sabemos, por lo menos, que la filosofía de la historia es el mejor lugar para el desarrollo adecuado para este tipo de discusiones. Y que éste sí que es un tema estrictamente filosófico y no histórico; acá el objeto de estudio es la historia como ciencia, no los hechos y acontecimientos; acá se observa aquello que provocó el acontecimiento mismo, se reflexiona en torno a las intenciones y puntos de vista de tal o cual investigador histórico; en fin, la filosofía de la historia es -si se quiere- ciencia histórica, estudio del desarrollo histórico y sus implicancias en la vida y existencia cotidianas del hombre universal y particular.

Recordemos que (del texto citado): Por un lado, Bello postuló un método de paciente investigación del pasado que aclare primero -y antes que nada- los hechos y que no abuse de las generalizaciones. Por su parte, Lastarria y Chacón, defendieron un sistema que rescate el "corazón" de los hechos para rastrear su influencia y poder cambiar radicalmente el presente. En el fondo hay implícito (y a veces muy explícito) un enfrentamiento entre dos visiones distintas de construir el futuro de la república naciente. Enfrentamiento histórico, sí, de formas de abordar la historia, enfrentamiento que filosóficamente no es tal.
Primero: el conocimiento es un momento intelectual bastante simple, observado por una filosofía reamente verdadera. El conocer histórico implica tanto observación de los hechos sin abuso de generalizaciones(Bello) como el rescate del "corazón" de los hechos que influye en el cambio radical del presente (Lastarria); es decir, hay al menos dos momentos en el proceso del conocimiento histórico: la observación y la interpretación de los hechos;
Segundo: tanto la observación como la interpretación de los hechos históricos son objetos abordables por la filosofía, definiéndose -este mirar filosófico- como ciencia de la historia, o filosofía de la historia;
Tercero: esta advertida ciencia, la filosofía de la historia, tiene como objeto de estudio el estudio de la historia y no los acontecimientos o hechos históricos, ya que éstos son objeto de estudio de la historia misma. Es decir: el conocimiento histórico es la narración exaustiva del acto humano en sociedad que produce cambios sociales, cambios tan solo perceptibles en tanto que son sometidos al examen desapasionado por los filófosos de la historia.

Resulta interesante destacar que Don Andrés Bello y José Victorino Lastarria, coincidieron en la noción de progreso lineal y ascendente de la humanidad a través de la historia más allá de la polémica suscitada. Esta coincidencia intelectual es un acuerdo de caballeros, significado de actitud intelectual sana, en el sentido de que -sin tener a mano la filosofía de la historia como ciencia- las pasiones personales, la ambición por adjudicarse la verdad fué casi nula. En un Chile como hoy, en que los personalismos y profesionalismos interesados en el lucro se han apoderado de las universidades y colegios, impidiendo el paso a una nueva cultura filosófica en Chile -casi helénica-, sorprenden intelectualidades como las de Bello, Lastarria y muchos otros.

Esperamos formen parte de esta nueva cultura filófica en Chile, en la que nadie sobra y todos tienen algo que explicar. Como ejemplo ponemos a estos dos hombres de la Patria, forjadores de nuestro nación, siempre interesados en el desarrollo inteligente de nuestro ideario nacional. Hoy, Chile necesita de nuevos Bello, Lastarria, Lacunza, Subercaseaux, etc., nuestro Chile requiere de filosofía propia, que interprete nuestro ser tal y como es en el desarrollo mismo de su existencia.

archivos.fi@gmail.com

jueves, 24 de diciembre de 2009

Filosofía, tras la huella de las costumbres

"La educación en los campos mineros ponía énfasis en ideales patrióticos; de acuerdo con su filosofía, una vida estable y responsable sólo se podía desarrollar sobre los estables pilares de la nación y la familia"
(Cultura de masas, reforma y nacionalismo en Chile
1910-1933 de Stefan Rinke).

Un aspecto, en filosofía, muy poco analizado -imaginamos no por desinterés intelectual, ni por considerarse innecesaria reflexión- es su carácter instrumental al servicio del hombre. Y decimos a su "servicio" con el sólo ánimo de interpretar, en la medida de posible, el sentido esencial de su existencia y presencia en la historia. Tal como lo pretendía explicar sócrates en su apología: el "daimon" (demonio) le incitaba, desde su interior, a interrogarse e interrogar constantemente todo aquello que ignoraba y que otros, sin saber, decían saberlo. Por cierto que tal actividad fue mal interpretada y -al pesar suyo- castigada; sin embargo, significó "descubrir" para Occidente una actividad, o método (instrumento) de interpretación universal, mediante el cual las culturas y tradiciones se explicaron y definieron ante el mundo.
Este entender la filosofía como "instrumento intelectual", se regula en cuanto su función sea sencillamente explicativa, es decir, en la medida que interprete y defina las cosas (los objetos reales e intelectuales), y se des-regula o de-genera en tanto que pretenda cumplir un fin distinto al esencial: des-cubrir, des-entrañar (como decía Unamuno) aquello que está oculto tras las cosas que, por lo mismo,ignoramos.

Esto nos hace recordar y citar (en el primer párrafo) esta esencial función de la filosofía que, sin ser particular de tal o cual región políticamente definida y limitrofe aotras, sienta las bases de una sociedad identificándola, definiendo sus elementos propios y autóctonos, observando sus costumbres, sus aspiraciones y ofreciéndose al hombre universal y al particular como patrimonio propio, a su servicio cada vez que el ser se lo exija.
Pues, sí: el patriotismo, es y será, sin duda, un ideal propuesto -en su real y verdadero contexto- por cualquier filosofía que cumpla su función explicativa como un instrumento intelectual al servicio del hombre que intenta reflexionar e interpretar su entorno inmediato, entendiendo y asumiendo sus limitaciones y los elementos que la regulan. Sí, el patriotismo (de Pater=padre e itsmo=movimiento) se nos presenta como un movimiento -político, social, cultural, etc.,- que le invita al hombre a discurrir en torno a aquello que le es propio por derecho natural, con el fin de identificarlo, de denominarlo, de interpretarlo para sí mismo (primero) y para los demás (después) y en beneficio colectivo y particular. Dicho de otra manera: los ideales, cualquiera sean estos, son en principio particulares, interpretaciones de tal o cual hombre que, tras su interpretación dictan condiciones necesarias para una existencia llevadera, condiciones y elementos "a posteriori" que -en el ámbito de lo público y la participación ciudadana- reflejan e interpretan el entorno en el que se desarrolla la existencia propia y el vivir cotidiano.

La frase: "una vida estable y responsable sólo se podía desarrollar sobre los estables pilares de la nación y la familia", fué, sin equívocos, una solicitud filosófica, una intensión intelectual con necesidad de ser realizada: porque la circunstancia histórica del Chile de la segunda mitad del siglo XIX -en las salitreras, por ejemplo- lo exigía; como fué necesario (aunque no exigido), también, ese paternalismo patriótico (de donde proveniése: de empresas o del Estado) cuando en Lota de Chile en 1997 cerraron las minas del carbón -patriotismo, hasta hoy, negado-. Patriotismo, sí, filosóficamente hablando, descubierto y develado, interpretación intelectual suscitada por la observación de un hombre cualquiera que, sin entenderlo (filosóficamente) interpretaba a otros distintos a él con la sola relación natural del espacio y el tiempo.

Familia, educación, filosofía real y verdadera, son valores y bienes intransables: sin ellos la existencia se torna insoportable, inentendible e inaceptable. Por ello, nuestro pequeño aporte a la conciencia nacional, nuestra breve aporte al recuerdo de nuestro ideario chileno. ¿Cuántas veces les hemos escuchado y leído a los sofistas actuales -periodistas, opinólogos políticos- que en Chile no hay verdadera y real filosofía chilena?

m.r.o.g
Archivosdefilosofiaenchile