viernes, 21 de mayo de 2010

PENSAMIENTO POLITICIO Y FILOSOFIA

YA hemos esbozado, brevemente (en este mismo blogs), los aspectos generales de la filosofía propiamente tal -aquella que se desarrolla en el ámbito propio de la realidad-, sin haber mencionado las diferenciaciones que tiene ésta con otras actividades humanas. Por cierto que el "hombre cotidiano", que habita en el ámbito propio de la realidad, desarrolla su existir determinándose en actividades intelectuales, las cuales, como si se tratase de un sistema complejo, dan sentido y fundamentación a su existencia propiamente tal. El pensamiento y, más aún, la filosofía, forman parte de estas actividades, a la par con otras menos académicas como el arte o el trabajo.

PERO nos interesa expresar, aquí, primero, que "filosofía" se nos presenta como una "expresión del ser como búsqueda" -del ser mismo y el ser de las demás cosas- y "pensamiento" como una "expresión del ser en acto". Mas, "buscar el ser" y "ser" suponen el conocimiento realmente verdadero del ser en cuanto tal; el que, sometido a consideraciones existenciales inherentes -como la historicidad, por ejemplo- y a ese "ocultarse para no ser descubierto" del que habla Heiddeger, resulta -filosóficamente- casi imposible una justa definición. Tendríamos que acudir, teóricamente, a un presunto ser que fuese aprehensible en el tiempo y el espacio, que fuese observable por el intelecto humano, pero tan sólo por unos momentos, hasta que lográsemos indagar algo sobre él, mas no hasta el infinito y en términos universales: el ser propiamente tal es inaprehensible. Lo que nos pone en la disyuntiva de dar o no valor al pensamiento en general, que es "expresar" dialécticamente aquello que se ha descubierto en la "búsqueda" misma: pues, si en esa búsqueda intelectual, filosófica, no aprehendemos nunca el ser, mal podríamos "expresar" lo que somos, mal podríamos decir universalmente lo que pensamos.

ASÍ, el pensamiento, que expresa ideas y conceptos del ser en el más profundo seno de lo teórico, expresa verdades relativas; quizá universales teóricamente, pero no realmente verdaderas.

Y, ¿qué decir del pensamiento político? Si considerásemos al hombre en cuanto tal, que habita en el ámbito propio de la realidad -del que solemos hablar en estas pequeñas notas- y lo reflexionamos en relación a las condiciones sociales en las que existe, todas aquellas reflexiones fundamentarían un correcto pensamiento político. Pero eso no ocurre realmente: la política comparada es un recurso adoptado desde hace ya mucho tiempo en Chile, y es un fiel reflejo de la decadencia intelectual en la que nuestro país a caído. Las mismas expresiones de "este país", o "los chilenos" que profitan nuestras autoridades y analistas políticos dan muestra de la indiferencia ante lo que "somos" realmente. Pareciera que somos algo distinto a lo que ellos son, algo así como meros objetos de observación sin alma, sin ser propio, sin medios e instrumentos intelectuales capaces de disolver en ideas nuestras reales y verdaderas preocupaciones e interrogantes. Eso de pensar y crear política a partir de observaciones y estudios que pertenecen a realidades distantes, ajenas y disonantes, es un recurso al que se acude cada vez que, pretendiendo una observación del hombre en cuanto tal, real y verdadero, que habita en el ámbito propio de la realidad se torna dificultuosa y vaga para nuestros intelectuales. En fin, les es más cómodo asumir universalmente -sólo como una mera teoría- la existencia de individuos inmiscuidos por necesidad en la actividad social.

POR lo mismo, se actúa teóricamente definiendo formas del pensamiento político del hombre, clasificándolo y diferenciándolo, como si tales pensamientos fuesen expresiones del ser como objeto aprehensible por el intelecto humano y las ciencias. De estas observaciones, que son relativas, producto del análisis sintético -válido, ciertamente- para los efectos de entender ciertos aspectos generales del ser, mas no para establecer a partir de esta síntesis teórica definiciones universales- se presentan como elementos reales los que, verdaderamente, no lo son. Por ejemplo, los debates teóricos e historiográficos en torno al nacionalismo, el tradicionalismo, el conservadurismo y el liberalismo censitario se nos presentan como algo polémico, siendo que tales formas de pensamiento político son etapas del pensar completo del ser del hombre.
Sin ir más allá, recordemos que la historia es cíclica y no lineal, y fácilmente podemos reconocer y ubicar la "tradición" como una de las primeras formas de entender y expresar la vida social y privada en una determinada nación, señalando los caracteres básicos y primigenios de una naciente cultura, que todo ciudadano y hombre político pretende "conservar" y defender en cuanto transcurre el tiempo, "liberarlo" siempre de la concentración del poder, y creando un verdadero movimiento por lo nacional, reclamando lo que le es suyo y propio por naturaleza. Es decir, el pensar político y las consecuentes manifestaciones, no se da aisladamente, ni se presenta uno antagonizando con el otro, sino todo lo contrario: forman parte compleja del ser en constante movimiento y fluir trascendente de la historia.


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martes, 18 de mayo de 2010

PEQUEÑA HISTORIA DE LA FILOSOFIA EN CHILE (Segunda Parte)

AUTORES CHILENOS-UNA VISTA PRELIMINAR

FRAY ALONSO BRISEÑO. O. F. M.(1587-1669)
PUEDE considerarse la primera figura filosófica chilena, y quizá americana. Nacido en Santiago de Chile y vivió en Chile., Perú, Panamá y Venezuela. Publicó en España una obra teológico-filosófica en latín: Primera parte de las más célebres controversias sobre el primer libro de las sentencias de Juan Duns Scoto, Doctor Sutil y sin duda Príncipe de los Teólogos... (1638). En el primer tomo «a menudo se hacen disertaciones metafísicas», y en el segundo (1642) se trata de la ciencia de Dios y de las ideas.

MANUEL DE LACUNZA, S. I. (1731-1801)
EL siglo XVIII trae la figura excepcional de Manuel de Lacunza, S. I. (1731-1801). Nace en Santiago, se refugió en Italia en 1767, a raíz de la expulsión de la Compañía de Jesús. Su obra La Venida del Mesías en gloria y majestad (1790) ha sido traducida a varios idiomas. Si bien es ,ante todo, una exégesis bíblica y una teología de la historia, no excluye la filosofía. En nuestros días, Nikolai Berdiaeff ha puesto de relieve el valor y actualidad del pensamiento de Lacunza. También Juan Félix de Arechavala y Alday , S. I. (1750-86) publicó en Italia sus Propositiones Philosophicae, folleto que contiene cien tesis defendidas en Imola.

EN el siglo XIX, JUAN EGAÑA (1769-1836), vinculado a los enciclopedistas, desarrolla un utopismo filosófico. Entre sus obras destaca El chileno consolado en los presidios o filosofía de la religión (1826). Más tarde, la influencia de Destutt de Tracy se aprecia en Elementos de Ideología (1830), obra escrita por VENTURA MARÍN y JOSÉ MIGUEL VARAS. El positivismo (v .) de Comte, Spencer y Littre encuentra eco en JOSÉ VICTORINO LASTARRIA (181788) los hermanos Jorge, Juan Enrique y Luis Lagarrigue, y VALENTÍN LETELIER.

EN el siglo XX aparece en primer lugar la solitaria labor filosófica de ENRIQUE MOLINA GARMENDIA (18711956). Nace en La Serena, ha sido rector fundador de la Univ . de Concepción. En su pensamiento influyen especialmente Bergson (v .) y W. James (v .). Para Molina, «lo esencial de la filosofía lo constituye la interpretación del ser y la actitud del hombre ante él». Sin embargo, el ser es indefinible: se percibe, se siente, se intuye. Este ser, del cual formamos parte, es necesario y absoluto. El problema esencial del hombre es la realización de su vida espiritual. Ahora bien, los atributos esenciales del verdadero espíritu son la libertad y el discernimiento de valores. Ante los misterios del ser y de la vida, el espíritu se realiza supremamente en el amor desinteresado y en el valor. Es así como la creación es 'inacabable: «se sigue haciendo, y en esta faena infinita, el hombre es colaborador de Dios». Además de varios trabajos de historia de la filosofía escribió: Por los valores espirituales (1925), Proyecciones de la intuición (1934), De lo espiritual en la vida humana (1936), Confesión filosófica (1942) y Tragedia y realización del espíritu (1952).

DE la Universidad de Chile ha surgido una actividad filosófica que muestra diversas orientaciones: PEDRO LEÓN LOYOLA (n. 1889), influido por Boutroux, ha publicado Una oposición fundamental en el pensamiento moderno: causalidad y evolución (1954). JORGE MILLAS (n. 1917) se orienta, influido, como él mismo lo reconoce, por Ortega, Bergson y Husserl, hacia una investigación sobre la naturaleza de la individualidad y de la vida humana, centrándose en el problema de la libertad y de la naturaleza de la historia. JUAN RIVANO, de orientación marxista, se ha centrado en la búsqueda de un «humanismo» para nuestro tiempo. JOSÉ R. ECHEVARRIA ha publicado, en 1957 y 1963, y bajo el auspicio del Centre National de la Recherche Scientifique de Francia, dos obras: Réflexions métaphysiques sur la mort et le probléme du sujet, y la edición crítica de la obra inédita de Maine de Biran, De Paperception -immédiate (Memoire de Berlín, 1807). En la primera, desarrolla 12 proposiciones sobre la existencia, el Otro, el tiempo, la libertad, la muerte y la inmortalidad. Otras obras son: El Quijote como figura de vida humana (1965) y Elementos para una teoría sobre la naturaleza de los derechos subjetivos (1955). HUMBERTO GIANINNI ha escrito Reflexiones acerca de la convivencia humana (1965) y El mito de la autenticidad (1968); ambas obras responden a una misma inquietud: «la búsqueda en la cotidianidad del sentido de la existencia humana», de un absoluto cercano a la experiencia universal.

FÉLIX Schwartzmann ha publicado El sentimiento de lo humano en América (1, Ensayo de Antropología filosófica, 1950; 11, Antropología de la convivencia, 1954). En la segunda parte, la reflexión sobre los vínculos humanos le lleva a buscar una Teoría de la expresión (1967). Porque «el centro expresivo de la convivencia es el rostro y la mirada del otro». Y , sin embargo, la expresión del semblante «representa un enigma en varios sentidos». Roberto Torretti (n.1930) es autor de uno de los trabajos más completos sobre Kant en lengua castellana. Junto a ellos cabe citar a Luis Oyarzum, Carla Cordua, Juan de Dios Vial, Mario Ciudad, Armando Roa y , en filosofía del Derecho, Jorge I. Hübner y Máximo Pacheco.

EN las Universidades Católicas de Santiago y Valparaíso también ha habido una destacada inquietud filosófica de diverso fruto. Destacan Clarence Finlayson (1913-54), centrado en una metafísica de Dios y de la muerte, con importantes obras: Dios y la Filosofía (1945), Analítica de la contemplación (1937) y otras; el P. Osvaldo Lira SS. CC. (n. 1904) ha desarrollado un pensamiento tomista estricto; Agustín Martínez O. S. A. (n. 1919) se define por una neoescolástica agustiniana; Jorge Hourton ha traducido y presentado la obra de M. Blondel (v .). Otros nombres son Eduardo Escudero (m. 1949), Francisco Vives, Alfonso Gómez, y , con estudios en el campo de la estética, José Miguel Ibáñez Langlois y Félix Martínez Bonati. Es notable también la labor de algunos profesores extranjeros que han colaborado en el quehacer filosófico de Chile: en el s. xviii, Miguel de Viñas, S. l., catalán; en el s. xix, el venezolano Andrés Bello (1781-1865) y en nuestro siglo, Ernesto Grassi, en la década del 50, y el profesor polaco Bogumil Jasinowski (1890-1969) que llegó a Chile en 1942 y ha muerto en el país.

por: L. FLORES HERNÁNDEZ.

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PEQUEÑA HISTORIA DE LA FILOSOFIA EN CHILE (Primera Parte)

Nota preliminar

UNA historia de la filosofía en Chile -una verdadera historia de la filosofía en Chile, que mencione y explique, cronológicamente, a cada hombre que se ha dedicado al amor amistoso hacia la sabiduría en estas tierras- es, ya, una tarea dificil de concretar. Es así que tan solo nos asomamos a esbozar una pequeña historia de la filosofía en Chile, que indique aquellos aspectos fundamentales que nos sirvan de base para una posterior reflexión filosófica propiamente tal, de la que está tan necesitada la filosofía Chilena y Latinoamericana. Pues, ¿cómo ha de nacer la propia filosofía sino trascendiendo aquella que la precede? ¿No es acaso cierto que, en tanto que sometamos a crïtica a la historia de la filosofía, hacemos de la filosofía nuestra filosofía? Es decir, si la filosofía que hemos conocido por medio de la Historia de la Filosofía no explica ni responde nuestra exigencia de verdad, es menester indagar en ella, escudriñar y desentrañar de lo que hemos conocido aquello que no nos es propio y no ha sido resultado de nuestra propia intelección.

ASÍ, filosofía en Chile y filosofía Chilena son enunciados que se contraponen. La filosofía en Chile se refiere, expresamente, a la influencia de las distintas corrientes del pensamiento en nuestra historia nacional, en la política, la educación, etc., mientras que la filosofía Chilena hace referencia al pensar lo propiamente tal. Pensar en el sentido de descubrir aquello que la filosofía fundamental no descubre, pues -como es lógico pensar- ésta fue llevada a cabo en otro lugar, en otras circunstancias, y por otros hombres.

MENCIONAREMOS, entonces, el desarrollo de la historia de la filosofía en Chile, en tres etapas fundamentales que no se contraponen entre sí -pues pertenecen a un mismo entorno intelectual, heterogéneo y dinámico:Europa- sino que, más bien, se condicionan y enriquecen recíprocamente.

PRIMERA: La presencia de la escolástica en los siglos XVI, XVII Y XVIII, con las variantes tomista, escotista y suareciana.

SEGUNDA: El influjo dominante de la filosofía europea, sobre todo francesa, en los siglos XVIII y XIX. Las figuras de mayor gravitación en este periodo son Descartes, los pensadores de la Ilustración francesa, Destutt de Tracy y Laromiguiére; más tarde Cousin, Quinet, Michelet y Balmes; después el positivismo de Comte y Littré, y finalmente el evolucionismo de Spencer.

TERCERA: corresponde al siglo XX y es más amplia. La filosofía francesa se hace presente con Bergson y Maritain; hay una apertura a la filosofía alemana de Nietzsche, Marx, Husserl, Scheler, etc., y también se hace sentir la presencia sugerente, aceptada o rechazada, de José Ortega y Gasset.

ÉSTA simple mirada, muy somera, de la cuestión nos refleja que el pensamiento filosófico en Chile se ordenaba en torno a influencias foráneas, casi siempre de origen europeo, consistiendo su originalidad en poner ciertos énfasis temáticos que ligaban la filosofía con las realidades inmediatas de lo social, cultural, jurídico, educacional, estëtico, etc., de caracter autóctono. Por lo pronto, en un comentario de Don Enrique Molina apreciamos la dificultad en hallar autores que se dedicaran expresa y exclusivamente a la filosofía, como -también- nosotros hallamos dificultades en hallar autores -en la actualidad- que se dediquen, expresamente, a la filosofía propiamente tal, o que es lo mismo, que publiquen filosofía que pregunte por la filosofía en cuanto tal, en el sentido real y verdadero de lo propiamente tal, pues lo propiamente tal es lo que nos toca por naturaleza filosofar.

TAMBIÉN Walter Hanisch Espíndola nos recuerda -a propósito del tema de la Filosofía en Chile hasta la independencia- que "En Chile no se ha intentado este estudio, a no ser respecto del siglo XX por Enrique Molina Garmendia. Respecto al siglo XIX gracias a la imprenta hay mucho material aprovechable en autores, referencias y estudios. La colonia tampoco carece de material, que halla en las obras sobre docencia en general, en las historias y sobre todo en los documentos, en parte explorados y en parte inéditos. Queda sin embargo un vasto campo que sólo podrá aclararse con estudios parciales o monografías. La literatura de esta especie, referente a la Filosofía propiamente dicha, cuenta con escasas publicaciones y una gran parte del material manuscrito, cuya exploración ofrece dificultades por el texto latino de las obras, por el estado de deterioro de los manuscritos, por las abreviaturas variadas y frecuentes en ellos y por la pérdida de una enorme cantidad del material".

LA presencia de la escolástica en nuestra historia nacional es deciciva: el establecimiento de las primeras escuelas, y nuestro acentuado conservadurismo católico se deben a su influjo. La filosofía europea influye -en el período posterior a la Independencia-, muchas veces indirectamente, en los procesos políticos y en nuestra economía. Y en fin, nuestros filósofos, siempre atentos a lo que ocurre en filosofía a nivel global, olvidados del "conócete a ti mismo" al que nos incitaba el gran Sócrates. Pareciera ser que la filosofía chilena se ha dedicado, en gran parte de su historia, al "conoce a los demás", hecho que -actualmente- resulta muy dificil frenar.

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EL HOMBRE QUE HABITA EN EL ÁMBITO PROPIO DE LA REALIDAD

EN filosofía, para establecer -teóricamente- conceptualización de "la cosa", de cualquier cosa, se hace abstracción de ella y tras una obsevación metódica se resuelve la ansiada definición, sin advertir -sin embargo- las complejidades con las que tenemos que lidiar dialécticamente para obtener tal fin.
Las cosas (reales y teóricas), siendo que siempre están allí, en el ámbito propio de la realidad, para ser observadas y sometidas a juicio por el intelecto humano han de rozar con el hombre, necesariamente, roce que suscita el conomiento y sabiduría de las cosas. Pero este conocimiento y conquista filosófica no deja de ser un deseo para quienes han establecido la investigación filosófica misma idealizándolo todo, universalizando de tal manera la totalidad de los objetos que, al final, se pierden aquellas complejidades a las que nos somete la realidad.

PUES, los objetos no son todos iguales. El hombre mismo, que es en última instancia quién define la totalidad de los objetos, es un objeto con características y formas del ser determinados, y su definición resulta ser compleja en tanto que se observa a sí mismo y pretende definirse objetívamente. Para lo cual, el hombre debe imprimir en su filosofía más que un sistema un compromiso con respecto a la verdad.
En estricto rigor, la filosofía chilena adolece de este compromiso ante la observación de los objetos que se dispone a reflexionar. A su estilo universal de filosofar -que no es el propio- se suma el sometimiento y adopción de sistemas que no salvan las interrogantes propuestas. Y causante de ésto es el recurrente auxilio a reflexiones ajenas, no propias, cuando los propios esfuerzos intelectuales no son suficientes para disolver lo propiamente tal que nos ofrece la filosofía.

LA filosofía en Chile ha generado en nuestro entorno filosófico visiones de las cosas que pertenecen a un ámbito de realidad con perspectiva diferente, y por lo mismo un empobrecimiento de conceptualizaciones propiamente tales, que hallan sido exijidas en el fragor de nuestras reflexiones. Los filósofos en Chile parecieran ser alemanes, italianos, franceses, menos filósofos chilenos. Si un buen alemán dice: "los alemanes han pensado lo que otros pueblos han hecho. Alemania ha sido su conciencia teórica" (Marx, Critica de la filosofía del derecho de Hegel) hace las mejores galas de su ser propiamente tal: de un hombre que piensa teóricamente su entorno y las cosas. Más no he leído, aún, en los estudios de filosofía a algún filósofo chileno diciendo: "Los chilenos hacemos lo que los alemanes tan sólo piensan", constatando el hecho real de que la filosofía chilena no asume, explícitamente, su papel crítico ante la filosofía universal. Pues los chilenos creémos más en los hechos que en las palabras, en los actos más que en los compromisos; y en filosofía debiésemos reflexionar aquél aspecto fundamental del hombre propiamente tal.

EL hombre propiamente tal es aquel que habita en el ámbito propio de la realidad, "... el hombre real, corpóreo, en pie sobre la tierra firme y aspirando y exhalando todas las fuerzas naturales ... (Adolfo Carpio, Principios de Filosofía), "el hombre de carne y hueso" del que relata Miguel de Unamuno, el que "es" según su cirscunstancia a que se refiere Ortega y Gasset, que no podemos determinar a partir del espíritu ni de la idea, sino de lo que "es" concretamente.
Desde esa concretud del hombre deviene un concepto de ser hombre concreto, realmente verdadero. Pero esta forma de considerar al hombre no debiese ser una mera reflexión filosófica, sino un punto de partida a las implicancias que debe infundir la filosofía propiamente tal en un determinado pueblo: establecerla en los cálculos estadísticos, en la micro y macro economía, en las legislaciones y la educación, etc., que se arraige de tal manera en el colectivo que hablar del hombre signifique algo más que una idea, un número, una tendencia filosófica momentánea de la que luego nos olvidemos.

ES tarea de los filósofos chilenos reflexionar y reflexionarse en cuanto habitantes en el ámbito propio de la realidad. Es hora de reflexionar, filosóficamente, al hombre en acto, dejar de pensar como hacen otros "de un modo abstracto, es decir, con desconocimiento de la actividad real, sensorial, en cuanto tal" (Adolfo Carpio, Principios de Filosofía) Y para ello, se debe ser filósofo propiamente tal, un hombre que habita en el ámbito propio de la realidad y reflexionar en él.


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miércoles, 5 de mayo de 2010

SER FILÓSOFOS EN CHILE

Ser o no filósofos es una cuestión que carece de importancia cuando nuestro objeto de observación nos sugiere una mirada profunda, desapasionada y real de las cosas. El intelecto humano tiene -queramos o no- la tendencia a definirnos en cuanto al acto que realizamos. De manera tal que si nos dedicásemos a pintar, éste (el intelecto), diría que somos pintores, o a observar el universo astrónomos, o remendar zapatos zapateros. Así, cuando aquél, ante la presencia de objetos -reales o teóricos- en el ámbito propio de la realidad, observa e interpreta tales objetos desde una perspectiva intelectual que sugiere coerencia con la verdad real, se le suele llamar -también y sin querer- filósofo. Y bajo este aspecto de la cuestión, como reflexión propia e íntima de cada hombre relacionado a la filosofía fundamental, asecha la diferenciación entre "ser profesores de filosofía" y "ser filósofos" en el Chile actual.

Podríamos considerar que profesar y hacer filosofía son formas de ser en el quehacer filosófico propiamente tal, como si fueren ramas de un mismo árbol; como -también- se puede establecer que ambas son actividades que co-existen una con la otra y, entonces, poder ser a la vez hacedores (pensadores, en sentido estricto) y profesores de todo cuanto ocurre en el filosofía. Pero, ¿qué ocurre de verdad en Chile en torno a esta disyuntiva? ¿Qué significa ser filósofo en Chile y qué ser profesor de esta disciplina? Pues, considerando esta actitud del intelecto de definirnos en cuanto a la actividad que realizamos, tendríamos forzósamente que admitir que ser profesor de filosofía es una cosa distinta a ser filósofo, ya que uno enseña lo que cree que ya sabe y el otro busca tal conocimiento; pues su quehacer radica en resolver las interrogantes que suscita e incita el requerimiento del pensamiento filosófico. Tal disyuntiva la advertimos en una frase del profesor Joaquín Barceló: "ser creadores en el sentido estricto de la palabra" o "limitarse a exponer y repetir la filosofía que se hace en otras partes del mundo" -esto último correspondería a ser meros "profesores de filosofía" y no filósofos.

Ya se empieza a avisorar condiciones para que la filosofía en Chile sea desarrollada. No vamos a ahondar en el hecho de que hay oportunidades de financiar proyectos de investigación filosófica por medio de incentivos económicos provenientes del Estado o privados y las limitaciones y aprehensiones en el planteamiento de la filosofía así desarrollada, sino más bien en el hacer filosofía en Chile propiamente tal. Pues, una cosas es la filosofía institucional o universitaria, aquella desarrollada y difundida en un lugar específico y circunscrito (en el que participan algunos hombres), y otra la filosofía que se desarrolla y disuelve en el ámbito propio de la realidad, lugar -también- específico y real en el que se trastocan la doxa y el logos de todos y cualquiera de los hombres.

No por esto vamos a negar el desempeño y el trabajo filosófico que se lleva a cabo en las universidades. Sólo advertimos la siguiente cuestión que plantea Gonzalo Díaz Letelier: "Hacer filosofía es, efectivamente y con propiedad, pensar nuestro habitar aquí y ahora en nuestro entorno -que no es Europa, sino Latinoamérica-, pero ese habitar está determinado por nuestra historicidad que sí es en gran y profunda medida europea". Es decir, por una parte se reflexiona nuestro propio ámbito de realidad, y por otro un ámbito de realidad determinado, condicionado por elementos (como el lenguaje, por el ejemplo) no propios ni verdaderamente reales. En decir, hay filosofía en Chile y filósofos condicionados a esta determinación historicista de la filosofía, pero no hay filósofos chilenos en sentido estricto que debatan y hagan filosofía en torno a nuestro instante intelectual, en torno a nuestro propio método o camino al momento de filosofar.

De un modo u otro la filosofía en Chile, hoy, se desarrolla y difunde sin mayores infortunios y aspavientos. Se enseña, aún, como remembranzas del pasado -de un pasado arcano e inexistente en apariencia- en algunos liceos de enseñanza media. Claro está, de cierta forma que el estudiante no alcanza a vislumbrar su trascendencia en la historia nacional, y menos la raiganbre de esta determinación historicista de la filosofía a que hacíamos alusión. Ya Lastarria lo mencionaba: "entonces la filosofía nos muestra en medio de esa serie interminable de vicisitudes (...) una sabiduría profunda que la experiencia de los siglos ha ilustrado; una sabiduría cuyos consejos son infalibles, porque están apoyados en los sacrosantos preceptos de la ley a que el Omnipotente ajustó la organización de ese universo moral", con lo que pretende transmitir a las futuras generaciones que hay en el quehacer complejo de la filosofía una función definitoria -muy poco apreciada- que contempla los acontecimientos históricos, por ejemplo (nacionales e internacionales), que coteja el pensamiento (el propio y el de los otros) en el ámbito al que pertenecemos, el propiamente real, y que asume como historia y pensamiento propio.

En fin, revisemos los esfuerzos por quienes hablan de una filosofía Latinoamericana como los de Jenaro Abásolo que solicita a nuestros filósofos "particulares maneras de comprender la propia realidad", método el que diferenciaría la filosofía chilena en relación con las demás. Es la verdadera filosofía que hay que difundir en los colegios, y ser ésta las materias a las que el profesor de filosofía -sin ser filósofo- debiése abocarse en replicar.

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Recordando a Don Enrique Molina Garmendia




Aspira la filosofía a ser la base y la cúspide del edificio de la cultura; pero, nunca satisfecha con lo que ha llevado a cabo y siempre angustiada por los enigmas que la acosan, vive retocando esas bases y retocando la posición de la cúspide que es el mirador del universo. Lo cual no quita que, a la vez, se afirme la existencia de una FILOSOFÍA PERENNE, como veremos más adelante. (Enrique Molina, la filosofía en Chile ...)

¿Cuántas veces hemos puesto a la filosofía propiamente tal -aquella que se desarrolla en el ámbito propio de la realidad, que es embestida del carácter propio del lugar en que se filosofa- como base y cúspide de nuestra cultura? Ya mencionaba Don Enrique Molina la importancia de una filosofía perenne, propiamente tal.
La filosofía universal, de la que todos nos hemos nutrido -unos más, otros menos- nos pone al tanto de la situación general de la filosofía en el mundo. Pero no nos engañemos, amigos míos: la filosofía que se desarrolla en el mundo, por pensadores tan válidos como los nuestros, es filosofía referencial. Es decir, acudiremos a ella en cuanto necesitemos de justificaciones que -propiamente- no alcanzamos a plantear, y en tanto que -carentes de reflexión filosófica propiamente tal- buscamos referencias, notas y explicaciones a priori.

Como es recurrente en este blogs de filosofía en Chile, sugerimos la necesidad de insistir en este planteamiento: la filosofía chilena existe, existe en cuanto sea desarrollada en este ámbito de la experiencia que es el propiamente el real. Como bien lo planteaba Humberto Giannini en "La reflexión cotidiana", es en la plaza -en el ámbito propio de la realidad- el lugar en el que se rozan los objetos reales y los teóricos entre sí (y mejor diríamos en nuestra plaza); así, la doxa y el logos, la opinión y el conocimiento se entrecruzan origininando la conversación indispensable y el diálogo vehículo del conocimiento. Así, y sin querer, irrumpe la filosofía en la realidad propiamente tal y concreta. La filosofía, chilena o no, se las tiene que haber con la opinión crítica y el conocimiento crítico.

Así es cómo la filosofía universal es trascendida a otra perenne o propiamente tal.

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