martes, 18 de mayo de 2010

EL HOMBRE QUE HABITA EN EL ÁMBITO PROPIO DE LA REALIDAD

EN filosofía, para establecer -teóricamente- conceptualización de "la cosa", de cualquier cosa, se hace abstracción de ella y tras una obsevación metódica se resuelve la ansiada definición, sin advertir -sin embargo- las complejidades con las que tenemos que lidiar dialécticamente para obtener tal fin.
Las cosas (reales y teóricas), siendo que siempre están allí, en el ámbito propio de la realidad, para ser observadas y sometidas a juicio por el intelecto humano han de rozar con el hombre, necesariamente, roce que suscita el conomiento y sabiduría de las cosas. Pero este conocimiento y conquista filosófica no deja de ser un deseo para quienes han establecido la investigación filosófica misma idealizándolo todo, universalizando de tal manera la totalidad de los objetos que, al final, se pierden aquellas complejidades a las que nos somete la realidad.

PUES, los objetos no son todos iguales. El hombre mismo, que es en última instancia quién define la totalidad de los objetos, es un objeto con características y formas del ser determinados, y su definición resulta ser compleja en tanto que se observa a sí mismo y pretende definirse objetívamente. Para lo cual, el hombre debe imprimir en su filosofía más que un sistema un compromiso con respecto a la verdad.
En estricto rigor, la filosofía chilena adolece de este compromiso ante la observación de los objetos que se dispone a reflexionar. A su estilo universal de filosofar -que no es el propio- se suma el sometimiento y adopción de sistemas que no salvan las interrogantes propuestas. Y causante de ésto es el recurrente auxilio a reflexiones ajenas, no propias, cuando los propios esfuerzos intelectuales no son suficientes para disolver lo propiamente tal que nos ofrece la filosofía.

LA filosofía en Chile ha generado en nuestro entorno filosófico visiones de las cosas que pertenecen a un ámbito de realidad con perspectiva diferente, y por lo mismo un empobrecimiento de conceptualizaciones propiamente tales, que hallan sido exijidas en el fragor de nuestras reflexiones. Los filósofos en Chile parecieran ser alemanes, italianos, franceses, menos filósofos chilenos. Si un buen alemán dice: "los alemanes han pensado lo que otros pueblos han hecho. Alemania ha sido su conciencia teórica" (Marx, Critica de la filosofía del derecho de Hegel) hace las mejores galas de su ser propiamente tal: de un hombre que piensa teóricamente su entorno y las cosas. Más no he leído, aún, en los estudios de filosofía a algún filósofo chileno diciendo: "Los chilenos hacemos lo que los alemanes tan sólo piensan", constatando el hecho real de que la filosofía chilena no asume, explícitamente, su papel crítico ante la filosofía universal. Pues los chilenos creémos más en los hechos que en las palabras, en los actos más que en los compromisos; y en filosofía debiésemos reflexionar aquél aspecto fundamental del hombre propiamente tal.

EL hombre propiamente tal es aquel que habita en el ámbito propio de la realidad, "... el hombre real, corpóreo, en pie sobre la tierra firme y aspirando y exhalando todas las fuerzas naturales ... (Adolfo Carpio, Principios de Filosofía), "el hombre de carne y hueso" del que relata Miguel de Unamuno, el que "es" según su cirscunstancia a que se refiere Ortega y Gasset, que no podemos determinar a partir del espíritu ni de la idea, sino de lo que "es" concretamente.
Desde esa concretud del hombre deviene un concepto de ser hombre concreto, realmente verdadero. Pero esta forma de considerar al hombre no debiese ser una mera reflexión filosófica, sino un punto de partida a las implicancias que debe infundir la filosofía propiamente tal en un determinado pueblo: establecerla en los cálculos estadísticos, en la micro y macro economía, en las legislaciones y la educación, etc., que se arraige de tal manera en el colectivo que hablar del hombre signifique algo más que una idea, un número, una tendencia filosófica momentánea de la que luego nos olvidemos.

ES tarea de los filósofos chilenos reflexionar y reflexionarse en cuanto habitantes en el ámbito propio de la realidad. Es hora de reflexionar, filosóficamente, al hombre en acto, dejar de pensar como hacen otros "de un modo abstracto, es decir, con desconocimiento de la actividad real, sensorial, en cuanto tal" (Adolfo Carpio, Principios de Filosofía) Y para ello, se debe ser filósofo propiamente tal, un hombre que habita en el ámbito propio de la realidad y reflexionar en él.


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