YA hemos esbozado, brevemente (en este mismo blogs), los aspectos generales de la filosofía propiamente tal -aquella que se desarrolla en el ámbito propio de la realidad-, sin haber mencionado las diferenciaciones que tiene ésta con otras actividades humanas. Por cierto que el "hombre cotidiano", que habita en el ámbito propio de la realidad, desarrolla su existir determinándose en actividades intelectuales, las cuales, como si se tratase de un sistema complejo, dan sentido y fundamentación a su existencia propiamente tal. El pensamiento y, más aún, la filosofía, forman parte de estas actividades, a la par con otras menos académicas como el arte o el trabajo.
PERO nos interesa expresar, aquí, primero, que "filosofía" se nos presenta como una "expresión del ser como búsqueda" -del ser mismo y el ser de las demás cosas- y "pensamiento" como una "expresión del ser en acto". Mas, "buscar el ser" y "ser" suponen el conocimiento realmente verdadero del ser en cuanto tal; el que, sometido a consideraciones existenciales inherentes -como la historicidad, por ejemplo- y a ese "ocultarse para no ser descubierto" del que habla Heiddeger, resulta -filosóficamente- casi imposible una justa definición. Tendríamos que acudir, teóricamente, a un presunto ser que fuese aprehensible en el tiempo y el espacio, que fuese observable por el intelecto humano, pero tan sólo por unos momentos, hasta que lográsemos indagar algo sobre él, mas no hasta el infinito y en términos universales: el ser propiamente tal es inaprehensible. Lo que nos pone en la disyuntiva de dar o no valor al pensamiento en general, que es "expresar" dialécticamente aquello que se ha descubierto en la "búsqueda" misma: pues, si en esa búsqueda intelectual, filosófica, no aprehendemos nunca el ser, mal podríamos "expresar" lo que somos, mal podríamos decir universalmente lo que pensamos.
ASÍ, el pensamiento, que expresa ideas y conceptos del ser en el más profundo seno de lo teórico, expresa verdades relativas; quizá universales teóricamente, pero no realmente verdaderas.
Y, ¿qué decir del pensamiento político? Si considerásemos al hombre en cuanto tal, que habita en el ámbito propio de la realidad -del que solemos hablar en estas pequeñas notas- y lo reflexionamos en relación a las condiciones sociales en las que existe, todas aquellas reflexiones fundamentarían un correcto pensamiento político. Pero eso no ocurre realmente: la política comparada es un recurso adoptado desde hace ya mucho tiempo en Chile, y es un fiel reflejo de la decadencia intelectual en la que nuestro país a caído. Las mismas expresiones de "este país", o "los chilenos" que profitan nuestras autoridades y analistas políticos dan muestra de la indiferencia ante lo que "somos" realmente. Pareciera que somos algo distinto a lo que ellos son, algo así como meros objetos de observación sin alma, sin ser propio, sin medios e instrumentos intelectuales capaces de disolver en ideas nuestras reales y verdaderas preocupaciones e interrogantes. Eso de pensar y crear política a partir de observaciones y estudios que pertenecen a realidades distantes, ajenas y disonantes, es un recurso al que se acude cada vez que, pretendiendo una observación del hombre en cuanto tal, real y verdadero, que habita en el ámbito propio de la realidad se torna dificultuosa y vaga para nuestros intelectuales. En fin, les es más cómodo asumir universalmente -sólo como una mera teoría- la existencia de individuos inmiscuidos por necesidad en la actividad social.
POR lo mismo, se actúa teóricamente definiendo formas del pensamiento político del hombre, clasificándolo y diferenciándolo, como si tales pensamientos fuesen expresiones del ser como objeto aprehensible por el intelecto humano y las ciencias. De estas observaciones, que son relativas, producto del análisis sintético -válido, ciertamente- para los efectos de entender ciertos aspectos generales del ser, mas no para establecer a partir de esta síntesis teórica definiciones universales- se presentan como elementos reales los que, verdaderamente, no lo son. Por ejemplo, los debates teóricos e historiográficos en torno al nacionalismo, el tradicionalismo, el conservadurismo y el liberalismo censitario se nos presentan como algo polémico, siendo que tales formas de pensamiento político son etapas del pensar completo del ser del hombre.
Sin ir más allá, recordemos que la historia es cíclica y no lineal, y fácilmente podemos reconocer y ubicar la "tradición" como una de las primeras formas de entender y expresar la vida social y privada en una determinada nación, señalando los caracteres básicos y primigenios de una naciente cultura, que todo ciudadano y hombre político pretende "conservar" y defender en cuanto transcurre el tiempo, "liberarlo" siempre de la concentración del poder, y creando un verdadero movimiento por lo nacional, reclamando lo que le es suyo y propio por naturaleza. Es decir, el pensar político y las consecuentes manifestaciones, no se da aisladamente, ni se presenta uno antagonizando con el otro, sino todo lo contrario: forman parte compleja del ser en constante movimiento y fluir trascendente de la historia.
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