"En los arcanos misteriosos del espíritu, el Yo, encerrado en su prisión -análoga a la excogitada por el genio platónico- labora con materiales extraños a sus "eidos" transformándolos a su semejanza, a su naturaleza, pero jamás -y teniendo plena conciencia de su acción- llega a conseguir conocerlos en su intuición positiva. El esfuerzo, de lograr acercarse a ese ideal que vislumbra su deseo intelectivo, forja concepciones analíticas y eidéticas, que dan síntesis, quietud para ese Yo, pero quietud incompleta e insaciable, porque se basa en negaciones y anlogías lógicas, reflejo lejano de sus eidos, ontolócamente positivo y unívoco. Esa angustia se divisa en los genios de la historia: Platón, Aristóteles, Plotino, Filón, Averroes, Tomás de Aquino, Escoto, Lulio, Vives, Descartes, Locke, Hamilton, Fichte, Shelling, Hegel, Spinoza, Leibnitz, Schopenhauer, Nietzsche, Bergson y otros, cada cual a su manera, han proferido su palabra solemne, soberbia expresión, indicadora profunda de la grandeza y miseria del hombre. Solemnidad potente y cuya elocuencia brota por sí sola, reveladora de ese hondo abismo, donde el espíritu sumergido explora las atmósferas y campea en las alturas, pero sin poder desligarse de la tierra..."
POR CIERTO que el señor Finlayson define la metafísica como los esfuerzos intelectuales por escapar de la "angustia" filosófica en la que el Yo se encuentra, cuando declara que el Yo permanece encerrado en su prisión, es decir en el alma humana. Y se refiere a ese Yo platónico, ideal y perfecto, a ese elemento inmanente del cual se desprende el conocimieto del ente y los entes, de la verdad y las verdades, sin advertir que el "ser" se oculta voluntariamente al proceso del conocimiento y -por lo mismo- a este proceso lo podemos definir como un acto consciente e intencionado del ser.
Con todo, la metafísica -en general- observa el Yo y sus preocupaciones, y al ser mismo, como objetos intelectuales inmóviles, carentes de experiencia y transformaciones. Como si sus atributos fuesen inalterables, sempiternos: un ser inmóvil, sin existencialidad propia, es uno puramente intelectual, objeto de estudio metafísico. Y es la explicación ante la angustia metafísica de explica nuestro amigo Clarence: las síntesis, esfuerzo aplaudible, de los grandes teóricos y especulativos de todos los tiempos -los que se estudian en nuestras universidades, curiosamente- ofrece una quietud intelectual transitoria y relativa, nos da calma en esa angustiosa búsqueda e interrogación en torno al ser, pero sólo mientras el ser "concientemente" -pues, existe- se deja observar por el Logos. Y esa posibilidad de observar el ser en cuanto tal se da, felizmente, cuando el hombre re-flexiona el ser experiencial; es decir, al ser lo podemos observar mientras "es" y "existe", mientras concientemente se sabe observado.
ASÍ, el Ser es abordable por el Logos como un acto consciente sí mismo. El Logos mismo es una expresión del Ser. Y por lo tanto esa angustia de la que nos habla don Clarence Finlayson no es provocada por el ser en cuanto tal, sino por los instrumentos de los que se vale el Ser para observarse. De donde se desprende que la Metafísica, como actividad intelectual, debe hallar nuevos elementos intelectuales para observar el Ser, debe dar con un verdadero y real sístema filosófico que interprete el Ser en su existencialidad, y ello parte reconociendo la trascencia experiencial del Ser en cuanto tal. Tal sistema debe transmutarse del Ser en cuanto Ente a un Ser en cuanto Experiencial. De este modo las observaciones metafísicas se situarían en el ámbito propio de la realidad, pues allí es el lugar preciso donde el Ser se expresa propiamente y es observable. Heidegger nos contaba que en cada cosa que decimos expresamos algo del Ser, y las cosas pueden decirse întimamente, ocultándolas, o expresamente ante los demás. Es decir, la verdad íntima le pertenece al Ser mismo y tan sólo por él es juzgable; más, la verdad real, al desarrollarse en el ámbito propio de la realidad, es por todos juzgable, sea tan sólo para aplaudir o criticar. Así, se originará una relación intelectual de seres reales y que existen, y el conocimiento de los mismos seres reales verdadero.
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