jueves, 24 de diciembre de 2009

Filosofía, tras la huella de las costumbres

"La educación en los campos mineros ponía énfasis en ideales patrióticos; de acuerdo con su filosofía, una vida estable y responsable sólo se podía desarrollar sobre los estables pilares de la nación y la familia"
(Cultura de masas, reforma y nacionalismo en Chile
1910-1933 de Stefan Rinke).

Un aspecto, en filosofía, muy poco analizado -imaginamos no por desinterés intelectual, ni por considerarse innecesaria reflexión- es su carácter instrumental al servicio del hombre. Y decimos a su "servicio" con el sólo ánimo de interpretar, en la medida de posible, el sentido esencial de su existencia y presencia en la historia. Tal como lo pretendía explicar sócrates en su apología: el "daimon" (demonio) le incitaba, desde su interior, a interrogarse e interrogar constantemente todo aquello que ignoraba y que otros, sin saber, decían saberlo. Por cierto que tal actividad fue mal interpretada y -al pesar suyo- castigada; sin embargo, significó "descubrir" para Occidente una actividad, o método (instrumento) de interpretación universal, mediante el cual las culturas y tradiciones se explicaron y definieron ante el mundo.
Este entender la filosofía como "instrumento intelectual", se regula en cuanto su función sea sencillamente explicativa, es decir, en la medida que interprete y defina las cosas (los objetos reales e intelectuales), y se des-regula o de-genera en tanto que pretenda cumplir un fin distinto al esencial: des-cubrir, des-entrañar (como decía Unamuno) aquello que está oculto tras las cosas que, por lo mismo,ignoramos.

Esto nos hace recordar y citar (en el primer párrafo) esta esencial función de la filosofía que, sin ser particular de tal o cual región políticamente definida y limitrofe aotras, sienta las bases de una sociedad identificándola, definiendo sus elementos propios y autóctonos, observando sus costumbres, sus aspiraciones y ofreciéndose al hombre universal y al particular como patrimonio propio, a su servicio cada vez que el ser se lo exija.
Pues, sí: el patriotismo, es y será, sin duda, un ideal propuesto -en su real y verdadero contexto- por cualquier filosofía que cumpla su función explicativa como un instrumento intelectual al servicio del hombre que intenta reflexionar e interpretar su entorno inmediato, entendiendo y asumiendo sus limitaciones y los elementos que la regulan. Sí, el patriotismo (de Pater=padre e itsmo=movimiento) se nos presenta como un movimiento -político, social, cultural, etc.,- que le invita al hombre a discurrir en torno a aquello que le es propio por derecho natural, con el fin de identificarlo, de denominarlo, de interpretarlo para sí mismo (primero) y para los demás (después) y en beneficio colectivo y particular. Dicho de otra manera: los ideales, cualquiera sean estos, son en principio particulares, interpretaciones de tal o cual hombre que, tras su interpretación dictan condiciones necesarias para una existencia llevadera, condiciones y elementos "a posteriori" que -en el ámbito de lo público y la participación ciudadana- reflejan e interpretan el entorno en el que se desarrolla la existencia propia y el vivir cotidiano.

La frase: "una vida estable y responsable sólo se podía desarrollar sobre los estables pilares de la nación y la familia", fué, sin equívocos, una solicitud filosófica, una intensión intelectual con necesidad de ser realizada: porque la circunstancia histórica del Chile de la segunda mitad del siglo XIX -en las salitreras, por ejemplo- lo exigía; como fué necesario (aunque no exigido), también, ese paternalismo patriótico (de donde proveniése: de empresas o del Estado) cuando en Lota de Chile en 1997 cerraron las minas del carbón -patriotismo, hasta hoy, negado-. Patriotismo, sí, filosóficamente hablando, descubierto y develado, interpretación intelectual suscitada por la observación de un hombre cualquiera que, sin entenderlo (filosóficamente) interpretaba a otros distintos a él con la sola relación natural del espacio y el tiempo.

Familia, educación, filosofía real y verdadera, son valores y bienes intransables: sin ellos la existencia se torna insoportable, inentendible e inaceptable. Por ello, nuestro pequeño aporte a la conciencia nacional, nuestra breve aporte al recuerdo de nuestro ideario chileno. ¿Cuántas veces les hemos escuchado y leído a los sofistas actuales -periodistas, opinólogos políticos- que en Chile no hay verdadera y real filosofía chilena?

m.r.o.g
Archivosdefilosofiaenchile

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